La noche entre tanto llegaba al centro de Lima, las calles se abarrotaban de personas, de todas las que mencioné, ahora todo era más frenético y desordenado, todos mezclados en un jolgorio de voces y cuerpos en movimiento, la noche avanzaba en su recorrido, cerca ahora de la media noche es en el centro de Lima, el flujo de personas ha disminuido notoriamente, el andar de personas es escaso, solo se observan agentes de seguridad, la guardia de palacio de gobierno, incólumes como de costumbre, también se observa indigentes en busca de algo que reciclar, hurgando entre los tachos de basura algo que pudieran cambiar por unas cuantas monedas, se observaba también a otros que sentados en las veredas ofrecían golosinas o simplemente pedían limosna, lo que su corazón mande, solían decir, ancianos, discapacitados, enfermos con alguna que otro mal terminal, todos estos pedían algo de dinero, para comer o para comprar analgésicos que mitiguen el dolor que les causaba su mortal mal. Otros habían también que no tenían o habían perdido el sentido de lo que alrededor sucedía, el sentido del espacio-tiempo y que ahora solo actuaban sometidos al instinto que cada persona tiene dentro de si por sobrevivir.
En medio de tanta miseria humana, en medio de tanta desesperanza y de aquellos que sentían que habían sido escupidos por la vida para que sufran cada día sobre la faz de la tierra hasta que perezcan sin que a nadie le importase, en medio de todo esto una figura humana transitaba por las calles, caminando con pasos seguros y firmes, en medio de tantas miserables vidas una presencia dominante y grandiosa era. Huesudas y temblorosas manos se estiraban a su paso, acompañadas por balbuceos casi imperceptibles que pedían ayuda, otros solo atinaban a mirar desde sus fríos y duros lechos, mientras mas se adentraba en la larga calle del jirón de la Unión aquella imponente figura de pasos firmes y seguros, cada vez menos despojos humanos se exhibían. Al llegar al final de la calle que daba hacia un gran parque que se denominaba Plaza San Martín, solo una figura se observaba sobre el piso, un pobre diablo sin piernas ni brazos yacía cubierto con un plástico y una lata delante de él con unos céntimos dentro.
Aquel sombrío personaje detuvo su andar frente a aquel ser, no tenía extremidades, era solo un tórax con cabeza, y mirándolo se paro junto a él, este al verlo acercarse se asombró ante aquella imponente figura y moviendo sus grotescos muñones dijo:
-Regáleme unas moneditas para poder seguir viviendo señor-.
Aquel ser imponente luego de escuchar su pedido, que más se asemejaba a una súplica, se puso de cuclillas ante aquella triste figura y estando ya a la altura de sus ojos respondió mirándolo:
-Y porqué mejor no te ganas tales monedas?-.
-Nací sin brazos ni piernas señor, me abandonaron en un orfanato a los pocos días de nacer y nadie me quiere dar trabajo al ver mi estado-. respondió tristemente agachando la mirada.
-Yo si-. respondió con un seseo audible. -Quisieras trabajar para mi?-.
-Claro que si señor, pero dudo que pueda ser de utilidad en mi condición-. respondió alzando la mirada.
-Eso no es problema, quisieras poseer piernas y brazos?-. preguntó con una voz tétrica.
-Claro que si señor-. respondió exaltado.
-Que me ofrecerías a cambio si te los diera en este momento?-. preguntó clavando la mirada en el grotesco ser.
-Eso es suficiente para mi, dame tu voluntad y tu vida, júrame lealtad y te será concedido lo que te ofrecí-. respondió alzando el tono de su voz.
-Lo juro señor, seré solo una herramienta para usted si así lo quiere-. respondió balbuceando.
-Entonces levántate y sígueme...-